martes, 1 de noviembre de 2016

Cómo no enfrentarse a la sátira

Uno de los hábitos más comunes del ser humano es una asombrosa falta de criterio para evaluar nuestras propias creencias y comportamientos con el mismo rasero con el que juzgamos a otros. Dentro de ese monstruo posmoderno llamado irónicamente como justiciero social, es muy común criticar a grupos socialmente privilegiados que ante cambios incluyentes empiezan a gritar que sufren de persecución; por ejemplo, los religiosos que hablan de “heterofobia” ante las políticas LGBTI, o aquellos que dijeron que incluir a un Stormtrooper negro en El despertar de la fuerza era “racismo contra los blancos”. Y oigan, cuestionar ese tipo de idioteces está muy bien; el problema es que los justicieros sociales lo llevan a todo un nuevo nivel cuando empiezan a ver discriminación y opresión en expresiones culturales tan simples como un chiste, con lo que terminan cayendo en la misma idiotez que critican, sin atreverse siquiera a cuestionarse a sí mismos sobre los alcances de tales delirios.

Un episodio reciente relacionado con este tema se está dando en las redes sociales. La docente y escritora Carolina Sanín armó revuelo en las redes sociales por una publicación en una página que supuestamente pertenece a alumnos de la Universidad de los Andes -al parecer no hay un consenso al respecto-, donde se editó el popular meme de “Cosas que me quiero comer” con su rostro. De acuerdo con Sanín, esto no es más que una muestra de acoso y sexismo, y un mal ejemplo de los profesionales en formación de la Uniandes.


Muchas personas le recordaron que el año pasado, ella hizo algunas bromas satíricas sobre el desempeño sexual de exalumnos del Gimnasio Moderno, y que en general se trata de un meme de Internet: una publicación humorística o satírica que puede o no gustarle a la gente, pero que difícilmente cabe en los terrenos del acoso. Sanín y sus seguidores se defendieron sobre lo primero diciendo que la gente sólo se ofendió porque era una mujer la que hacía ese tipo de comentarios, y de lo segundo simplemente insisten en que la página ya ha hecho chistes sexistas, racistas y homofóbicos antes.


Al principio, cuando leí sobre el tema, creí que no conocía a Carolina Sanín. Buscando en Internet, me di cuenta que de hecho ya la había visto mencionada hace unos meses a raíz de un muy mal análisis suyo sobre una nota más bien tonta y farandulera sobre la figura de la deportista Mariana Pajón. Me enteré que es una escritora, y además escribe columnas en El Espectador y otros medios, aunque no creo que sea relevante al tema de esta entrada. Mi opinión va sobre estos episodios puntuales que evidencian una falta de autocrítica y objetividad de su parte, sin que ello necesariamente demerite su trabajo general, sea cual sea -después de todo, Borges fue un gran escritor, pero no negaremos que defendía cosas absurdas, ¿cierto?-. Eso dependerá de quien conozca su obra.

Cuando uno es asiduo a las redes sociales, pertenece a una generación que las comprende y domina bien, y además intenta usarlas para transmitir conocimiento, como lo hace Sanín o como lo hago yo, algo que uno comprende pronto es que cosas como los memes son simplemente expresiones cómicas o explicaciones sencillas sobre ciertos temas: son del gusto de muchos, y pueden ofender a otros, pero se amparan bajo la libertad de expresión que ofrece Internet. A menos que se trate de un discurso de odio plenamente dicho o de una invitación a la discriminación y la violencia, uno no puede pretender que se censure un meme o una opinión publicada en una red social; incluso en esos casos es difícil, porque la subjetividad tiende a hacer que muchos se sientan heridos y perseguidos ante una imagen que no tiene tal intención.

Con esto dicho, debo decir que la intención de Sanín de denunciar a los creadores del meme está equivocada en todo sentido. No hay una muestra de que la página ejerza un acoso contra su persona, ni siquiera si hay otros memes con su cara, puesto que existen cosas como la sátira y el humor negro. Seguramente ella, que habló satíricamente sobre los exalumnos del Gimnasio Moderno, las conoce muy bien, y entiende que la base de la sátira y el humor negro es que nada es tan sagrado que no se pueda uno burlar de ello, incluso cuando se trata de temas controversiales como la violencia o el racismo, mucho menos una figura pública. Y de hecho, a mí también me pareció graciosa su publicación. La cuestión es que cuando uno hace ese tipo de humor debe tolerar que se use con el sexo opuesto, porque es cuestión de libertad de expresión: si se acepta que se haga con un grupo social, se acepta que se haga con el otro, por mucho que el uno sea más o menos privilegiado que otro. Para el humor, poco o nada importa eso: la cuestión es entretener al que lo disfruta.

Que sea buen o mal humor es todo un tema a analizar, pero decir que se está cosificando a la mujer, reduciéndola a un artículo sexual, con un meme que habla sobre “cosas que me quiero comer” es una exageración, y una afirmación muy apresurada. Se trata de un meme humorístico: se ha usado montones de veces con actores como Brad Pitt o Robert Downey Jr., y no he visto a nadie cuestionando esos memes, mucho menos a ella; no es obligatorio que lo haga, pero si sus convicciones no son sesgadas, es lo que se esperaría de ella. No es como para pensar que a todas esas estrellas masculinas se les considere únicamente objetos sexuales, si bien es cierto que actores como Brad Pitt fueron usados al inicio de sus carreras como caldo de ojo (y esto no es algo que pueda parecer ambivalente como el machismo en los cómics). Nadie niega, además, que la cultura machista y las políticas de discriminación en muchos países está presente, y que muchos hombres ven a las mujeres sólo como amas de casa y fábricas de bebés, o cuando mucho una noche de pasión. Habría que ser muy cínico para negar eso.

El problema del argumento de Sanín es que es difícil defender la idea de que cada persona que crea o comparte un meme así con su imagen sea un machista o un enfermo sexual. Somos humanos. Muchas personas han tenido fantasías eróticas con una actriz de cine como Scarlett Johansson, o con un actor como Leo DiCaprio, y es natural: son personas que la mayoría considera atractivas. Sanín es una docente que puede a su vez considerarse atractiva: ¿realmente sería extraño o anormal que alguien en la facultad, un estudiante o alguien que la vea ocasionalmente, haya tenido fantasías con ella? ¿Y el admitirlo, o publicarlo en las redes sociales, lo hace necesariamente un sexista o un acosador, o incluso un criminal? Es un extremismo absurdo, poco o nada diferente a la idea de que las mujeres sólo sirven para trabajar en la casa y encargarse de la familia, o que sólo piensan en ropa y zapatos.

Lo curioso es que, de forma similar a algo que ya he explicado antes, si Sanín hubiera visto a alguien publicando un comentario como el suyo sobre exalumnas de una institución educativa y su rendimiento en la cama, seguramente lo habría tomado como una publicación machista y sexista, en lugar de como lo que es: una sátira. Probablemente desubicada, pero no más torpe entonces que su sátira sobre el Gimnasio Moderno. Aquí no vale el asunto de si se es mujer u hombre, o que si uno ha sido más perseguido que el otro. Estamos hablando de humor negro, de una sátira: o ambas son graciosas, o ninguna lo es, pero si son esencialmente la misma sátira, jerarquizarlas por cuestiones de género es una sonora hipocresía.

Ahora, no descartemos que Sanín tenga razón, y que todo ese asunto del meme efectivamente haga parte de una campaña de acoso o, por lo menos, de desprestigio. ¿Sería correcto recurrir a la censura o a un proceso disciplinario contra los autores? No mucho, en realidad. Es difícil definir el acoso en Internet a raíz de memes cómicos o satíricos, y en un todo, mis sentimientos y emociones son algo muy subjetivo y personal: no cuentan con un respaldo objetivo para ser tomados como base conceptual para el uso de la censura. Si se quieren combatir este tipo de ataques en las redes sociales, lo mejor es usar argumentos sólidos y convincentes, no recurrir al facilismo de la prohibición, que siempre es difícil de delimitar objetivamente (entre paréntesis: Sanín denuncia además un supuesto hackeo de sus cuentas: de ser real, eso sí es denunciable, aunque no necesariamente relacionado con el meme. Cierro paréntesis).

Del asunto de Mariana Pajón, que para muchos deja en evidencia el calibre argumentativo de Sanín, poco tengo que agregar que no se haya dicho ya: es atrozmente estúpido decir que una noticia sobre su cuerpo provenga de la mentalidad de un violador. Ya hemos dicho que la cultura de la violación es un concepto muy cuestionable, especialmente porque el abusador sexual se comporta de forma ajena a la sociedad, y no le importará que se trate de eliminar el machismo en la sociedad: dimensionar la nota de Noticias Caracol hacia una persona semejante es una imbecilidad. Claro, estaremos de acuerdo en que una noticia así sobre una deportista es una pendejada, pero ya que existe el espacio de farándula en los noticieros, y eso incluye a todos los famosos, no está tan desubicada en principio como parece. Además, tal como lo dicen en Las 2 Orillas, objetivamente hablando Mariana Pajón tiene muy buen cuerpo. Hombres y mujeres por igual pueden perfectamente decir eso de ella, de Cristiano Ronaldo, o de Jessica Alba, y no por eso van a querer violarlos, o incluso tener deseos por ellos, ni mucho menos cosificarlos: es simplemente reconocer que, al menos bajo parámetros de proporción corporal, o de la cultura deportiva, son personas con un físico atractivo y bien formado.

En Internet ya se compara a Carolina Sanín con Anita Sarkeesian, y la verdad no falta razón. Sarkeesian usa la lógica para argumentar extremismos nada lógicos: que la industria de videojuegos es enteramente machista, que las mujeres en los videojuegos y en las distintas formas de entretenimiento (cine, televisión, etc.) son principalmente personajes vacíos y tontos, y que cuando son heroínas son siempre sexualizadas. Este tipo de personas manejan un maniqueísmo tal en sus argumentos que es imposible debatir con ellos, porque siempre tendrán la razón, y si no estás de acuerdo, eres un cerdo sexista. La visión de Sanín sobre la noticia de una deportista y los memes que han hecho con ella claramente apuntan a ese tipo de argumentación.

Sé que hay un meme donde aparece Sanín con un ojo morado y una alusión al difuso concepto de “heteropatriarcado”. No es precisamente una amenaza, sino otra sátira, aunque ésta a mi juicio totalmente carente de gracia. No apruebo de ninguna forma ese tipo de imágenes, como tampoco apruebo las amenazas de muerte y violación que haya recibido Sarkeesian, pero así como no condoné las tóxicas ideas de Cora Segal por el caso #TrigglyPuff, tampoco voy a hacerlo con ellas. Cuando usas argumentos pobres para defender ideas feministas de tercera ola, no puedes esperar que todos acepten gustosos tus ideas, ni tampoco que las críticas sean siempre finas y delicadas. Hay personas que usan muy bien la sátira; otros usan burlas más propias de atarvanes; hay gente que cuestiona con educación y otros que son sumamente groseros; cuando presentas ideas rudas y sesgadas con pésimo respaldo argumentativo, los encontrarás a todos ellos entre tus críticos. Eso no te convierte inmediatamente en una víctima, ni significa que tus ideas y argumentos son correctos, ni que se trata siempre de una persecución: eso es un pensamiento de mártir sumamente falaz.

De momento es todo lo que quería decir. Sé que puede generar desacuerdo en muchos, pero como siempre lo primero es reflexionar. Usar la herramienta de la víctima y la discriminación cada vez que te cuestionan en Internet puede ser muy atractivo; sin embargo, antes debes reflexionar si realmente estás transmitiendo las ideas correctas, y si las defiendes de forma racional. Tomen el triste caso de Sarkeesian como ejemplo: cuando usas argumentos basura para denunciar cuestiones dudosas y ataques ambiguos, ¿qué criterio te van a otorgar cuando estés enfrentando problemas reales?

6 comentarios:

  1. Wow! Admiro tu valentía. Si la susodicha llega a leer esto alguna vez, te caerán millones de visitas y comentarios... y no serán para nada positivos, ni constructivos.

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    1. ¿Tan así es la cosa? Bueno... cuando hablas del feminismo de tercera ola no suele esperarte nada bueno.

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  2. Me gustó mucho: reposado agudo e inteligente; lo mejor que he leído sobre el tema. Felicidades

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  3. Aunque a mi personalmente me parece exagerada la controversia de la señorita Sanín (excepto la parte del ojo morado), sin embargo no es la primera vez que ese grupito genera polémica. http://www.semana.com/nacion/articulo/carolina-sanin-controversia-con-grupo-de-matoneo-de-uniandes/504286 http://www.semana.com/educacion/articulo/redes-sociales-reflejan-discriminacion-de-raza-y-genero-en-universidades/470035 leyendo esto nos dariamos cuenta que ese grupito es de por sí bastante pasado

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    1. Sí, eso he visto. Desgraciadamente, son un grupo de humor pesado, pero nada fino. Y tampoco han sido unas mamasantas al defenderse de Sanin; los errores y malos discursos han salido de parte y parte.

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